CARL SAGAN: UNA DEFENSA CONTRA LA PSEUDOCIENCIA
Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 28 06 2026
Carl Sagan fue uno de los grandes divulgadores científicos del siglo XX. También fue un educador del pensamiento crítico. Frente a la astrología, los ovnis, los fraudes, las pseudoterapias, las teorías conspirativas y las afirmaciones extraordinarias sin pruebas, Sagan propuso una herramienta sencilla y poderosa: el llamado Baloney Detection Kit.
En español, la expresión puede traducirse como “caja de herramientas contra el engaño”, “equipo para detectar tonterías” o “herramientas contra el engaño”. La palabra inglesa baloney significa algo así como “disparate”, “cuento”, “mentira”, “charlatanería”. Se refiere a una afirmación presentada con apariencia de verdad, muchas veces envuelta en lenguaje técnico, emocional o espectacular.
El origen de esta idea está en la preocupación permanente de Sagan por la fragilidad de la razón pública. En 1987 publicó un ensayo titulado “The Fine Art of Baloney Detection”, donde advertía sobre la necesidad de educar a la ciudadanía para distinguir entre evidencia y engaño. Años más tarde desarrolló la idea con mayor amplitud en su libro The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the Dark, publicado en 1995. Allí presentó el “kit” como una caja de herramientas intelectuales para evaluar afirmaciones dudosas.
Sagan vivía en una época marcada por el auge de creencias pseudocientíficas: abducciones extraterrestres, astrología popular, curaciones milagrosas, espiritismo moderno, teorías conspirativas y lecturas fantásticas de la historia antigua. Pero su preocupación iba más allá de esos casos particulares. Para él, el problema central era cultural y político: una sociedad que no sabe distinguir entre ciencia y pseudociencia queda expuesta a la manipulación.
Por eso Sagan no consideraba el escepticismo como una actitud negativa o destructiva. No se trataba de burlarse de quienes creen, ni de negar todo por principio. El escepticismo científico, bien entendido, consiste en pedir razones, examinar pruebas, comparar explicaciones y aceptar que incluso nuestras creencias más arraigadas pueden estar equivocadas. Es una forma de humildad intelectual.
La “caja de herramientas contra el engaño” de Sagan contiene varias reglas básicas:
1.- Buscar confirmación independiente de los hechos. Si una afirmación depende de una sola fuente, de un testimonio aislado o de una autoridad carismática, debe ser examinada con cautela. La ciencia no se sostiene en revelaciones individuales, sino en resultados que otros puedan revisar, repetir o contrastar.
2.- Promover el debate serio. Una idea científica debe resistir preguntas difíciles. Si sus defensores solo aceptan elogios, rechazan toda crítica o acusan de conspiración a quienes preguntan, probablemente no estamos ante ciencia, sino ante una creencia protegida contra la refutación.
3.- No confundir expertos con autoridades infalibles. Sagan respetaba profundamente el conocimiento especializado, pero recordaba que ningún científico tiene razón solo por ser famoso o tener títulos. En ciencia, incluso una gran autoridad debe presentar pruebas. La autoridad puede orientar, pero no reemplaza la evidencia.
4.- Considerar más de una hipótesis. La pseudociencia suele enamorarse de una explicación única y luego busca datos que la confirmen. La ciencia, en cambio, compara explicaciones rivales. Ante un fenómeno extraño, no pregunta solamente “¿podría ser cierto?”, sino también “¿qué otras explicaciones existen?”, “¿cuál requiere menos suposiciones?” y “¿cuál se ajusta mejor a todos los datos?”.
5.- Cuantificar. Muchas afirmaciones pseudocientíficas suenan impresionantes mientras se mantienen vagas. Pero cuando se piden números, magnitudes, fechas, mecanismos y predicciones claras, comienzan a mostrar sus debilidades. Decir que un planeta “pasó cerca” de la Tierra no basta; hay que calcular distancias, energías, efectos gravitacionales y consecuencias observables.
6.- Preguntarse si la hipótesis puede ser refutada. Una afirmación que no puede fallar nunca tampoco puede demostrar nada. Si todo resultado confirma la teoría, y ningún resultado posible la contradice, entonces no estamos ante una hipótesis científica, sino ante una creencia cerrada.
El kit también incluye la detección de falacias:
a.- El ataque personal
b.- La apelación a la autoridad
c.- La falsa dicotomía
d.- El argumento desde la ignorancia
e.- La selección interesada de datos
f.- La confusión entre correlación y causalidad.
Estas falacias son comunes en la pseudociencia porque permiten dar apariencia de razonamiento a conclusiones que no están realmente demostradas.
¿Por qué Sagan desarrolló este método? Porque había aprendido, en controversias como la de Immanuel Velikovsky, que no bastaba con que los científicos supieran que una afirmación era falsa. El público necesitaba entender por qué era falsa. Si la ciencia se limita a decir “eso no es serio” sin explicar los motivos, deja espacio para que la pseudociencia se presente como una verdad perseguida.
El caso Velikovsky fue decisivo. Velikovsky propuso que Venus había sido expulsado desde Júpiter y que encuentros cercanos entre planetas habrían provocado catástrofes recordadas en mitos antiguos. Muchos científicos rechazaron sus ideas, pero algunos reaccionaron intentando bloquear o desacreditar la publicación del libro. Sagan adoptó otra estrategia: examinó las afirmaciones, calculó sus consecuencias y mostró públicamente sus errores. Esa actitud resume el espíritu del kit: no censurar, sino refutar.
La utilidad actual del “caja de herramientas contra el engaño” es incluso mayor que en tiempos de Sagan. Hoy las pseudociencias ya no circulan solo en libros o programas de televisión. Se difunden por redes sociales, videos virales, inteligencia artificial, cadenas de mensajes, podcasts, influencers y plataformas que premian lo sorprendente por encima de lo verdadero. Una afirmación falsa puede alcanzar a millones de personas antes de ser revisada.
Además, la pseudociencia contemporánea se presenta muchas veces con estética científica. Usa gráficos, palabras técnicas, supuestos estudios, imágenes generadas por IA, lenguaje académico y referencias incompletas. Por eso el problema no es solo creer en cosas absurdas. El problema es que lo falso puede imitar muy bien la forma externa de lo verdadero.
Un ejemplo actual de aplicación del método puede verse en los supuestos hallazgos virales de “estructuras imposibles” en Marte, la Luna o sitios arqueológicos. En redes sociales aparecen imágenes donde una roca parece una estatua, una sombra parece una puerta o una formación natural parece una ciudad perdida. El relato suele ser siempre parecido: “la NASA lo oculta”, “los arqueólogos no quieren reconocerlo”, “la historia oficial se derrumba”.
Aplicando el kit de Sagan, lo primero sería buscar confirmación independiente. ¿La imagen proviene de una misión oficial? ¿Tiene coordenadas verificables? ¿Existen otros ángulos, otras fotografías, datos topográficos o análisis geológicos? Luego habría que considerar hipótesis alternativas. ¿Podría tratarse de erosión, sombras, baja resolución, pareidolia o manipulación digital? Después habría que cuantificar: ¿cuál es el tamaño real del objeto?, ¿qué resolución tiene la imagen?, ¿qué escala se está usando? Finalmente, habría que preguntar si la hipótesis es falsable. ¿Qué evidencia aceptaría el proponente para reconocer que no es una ciudad ni una estatua?
El resultado de este proceso no es una negación automática. Es una evaluación ordenada. A veces una afirmación extraña puede ser verdadera. La historia de la ciencia tiene descubrimientos sorprendentes. Pero una afirmación extraordinaria necesita pruebas extraordinarias, no solo entusiasmo, misterio o indignación contra “la ciencia oficial”.
Esa es la gran enseñanza de Sagan. La ciencia no es una colección de dogmas, sino un método para no engañarnos con facilidad. El “caja de herramientas contra el engaño” no sirve solo para discutir astronomía o pseudociencia. Sirve para leer noticias, evaluar discursos políticos, revisar promesas comerciales, analizar terapias milagrosas, detectar fraudes digitales y examinar nuestras propias ideas.
En el fondo, Sagan nos propone una ética de la inteligencia. No creer por comodidad. No rechazar por soberbia. No aceptar algo solo porque nos gusta. No negar algo solo porque nos incomoda. Preguntar, comparar, medir, verificar y estar dispuestos a cambiar de opinión.
En tiempos de sobreinformación, inteligencia artificial y manipulación masiva, el kit de Sagan funciona como una brújula. No nos dice qué pensar. Nos enseña cómo pensar. Y esa sigue siendo una de las mejores defensas contra la pseudociencia, los engaños y la credulidad organizada.
Referencias sugeridas
Sagan, C. (1987). The fine art of baloney detection. Parade Magazine. Reproducido en Skeptical Inquirer. https://skepticalinquirer.org/wp-content/uploads/sites/29/uploads/files/ParadeFeb11987.pdf
Sagan, C. (1995). The demon-haunted world: Science as a candle in the dark. Random House. https://archive.org/details/demonhauntedworl0000unse/page/n7/mode/2up
Sagan, C. (1997). El mundo y sus demonios: La ciencia como una luz en la oscuridad. Planeta. https://archive.org/details/CARLSAGANElMundoYSusDemonios1997
Center for Inquiry. (s. f.). Carl Sagan’s Baloney Detection Kit. Center for Inquiry. https://centerforinquiry.org/learning-resources/carl-sagans-baloney-detection-kit/?utm