Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 29 06 2026
Hace 79 años, el 24 de junio de 1947 el piloto Kenneth Arnold volaba cerca del monte Rainier, lo que vio ese día marca el inicio del fenómeno OVNI como lo conocemos en la actualidad.
Durante siglos, el cielo fue un territorio habitado por signos. En la Antigüedad y en la Edad Media, cometas, luces extrañas, eclipses o fenómenos atmosféricos podían ser interpretados como mensajes divinos, presagios, ángeles, demonios o manifestaciones sobrenaturales. El cielo no era solo un espacio físico: era también una pantalla simbólica donde cada época proyectaba sus temores, esperanzas y preguntas más profundas.
Con la modernidad, esa imaginación no desapareció, solo cambió de forma. Los antiguos dioses, ángeles y demonios que poblaban las culturas religiosa en todo el orbe, para muchos seres humanos fueron reemplazados, poco a poco, por naves espaciales, seres de otros mundos y civilizaciones extraterrestres. El misterio siguió vigente, pero su lenguaje dejó de ser teológico y comenzó a ser tecnológico.
Un planeta rojo surcado por canales
Uno de los antecedentes más importantes de esta nueva imaginación cósmica fue la historia de los llamados “canales de Marte”. En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli (1878) observó una serie de líneas en la superficie marciana y las llamó canali, término que en italiano significa canales o cauces. Sin embargo, al traducirse al inglés como canals (Library of Congress. s f), la palabra adquirió una connotación artificial: ya no se trataba solo de formaciones naturales, sino de posibles obras de ingeniería.
A fines del siglo XIX, Percival Lowell creyó observar esta pareidolia de “canales” llevó esta idea mucho más lejos. Inducido por el fenómeno psicológico de la Apofenia (elaborar un relato a partir de una pareidolia) convencido de que Marte era un mundo seco y envejecido, interpretó aquellas líneas como un gigantesco sistema de irrigación construido por una civilización marciana avanzada que intentaba sobrevivir llevando agua desde los polos hacia las zonas habitables del planeta (Lowell, 1895, 1906).
Sus mapas de Marte, cruzados por líneas rectas y redes geométricas, tuvieron enorme impacto en la imaginación pública. Aunque hoy sabemos que esos canales no existen y que fueron pareidolias, producto de ilusiones ópticas, errores de observación e interpretación, durante décadas alimentaron la idea de que la humanidad no estaba sola y que, muy cerca, en el planeta rojo, podía existir una inteligencia superior. A partir de eso el argumento es simple, si su planeta estaba muriendo y se estaban quedando sin agua… una civilización marciana tecnológicamente avanzada bien podrían viajar a la tierra buscando recursos.
El caso de Marte muestra un patrón que se repetirá una y otra vez en la historia de los OVNIS: una observación ambigua (Pareidolia) , una interpretación culturalmente poderosa y una imaginación colectiva dispuesta a llenar los vacíos de la evidencia (apofenia) . No se trataba solo de astronomía. Era también una forma de esperanza: la posibilidad de que en el universo existieran otros seres, otras civilizaciones y quizás respuestas a nuestras propias preguntas.
El inicio del fenómeno OVNI
El inicio del fenómeno OVNI moderno suele situarse el 24 de junio de 1947. Ese día, el piloto Kenneth Arnold volaba cerca del monte Rainier, en el estado de Washington, cuando observó nueve objetos brillantes desplazándose a gran velocidad. Arnold no habló originalmente de “platillos voladores” como objetos con forma exacta de plato, sino que describió su movimiento como algo parecido a un platillo rebotando sobre el agua. Sin embargo, la prensa transformó rápidamente esa descripción en una imagen inolvidable: flying saucers, “platillos voladores” (Arnold, 1952; Smithsonian National Air and Space Museum, 2022).
Ese relato marcó un antes y un después. En plena Guerra Fría, con el miedo nuclear, la carrera tecnológica, los secretos militares y la expansión de la ciencia ficción, los cielos comenzaron a llenarse de objetos extraños. Lo que antes podía haber sido interpretado como aparición celestial, señal divina o presencia demoníaca, ahora era leído como tecnología no humana. El misterio se secularizó: dejó de venir del cielo religioso y comenzó a venir del espacio exterior.
A partir de entonces, los OVNIS se convirtieron en un fenómeno cultural global. Miles de personas comenzaron a reportar luces, discos, esferas, naves, encuentros cercanos y supuestos contactos con seres extraterrestres. Algunos casos pudieron explicarse como globos, aviones, satélites, meteoros, fenómenos atmosféricos, ilusiones ópticas o errores de percepción. Otros quedaron sin explicación definitiva, lo que no significa necesariamente que fueran naves extraterrestres, sino simplemente que la información disponible era insuficiente.
Objetos Voladores No Identificados
La sigla OVNI es un campo fértil para la imaginación desbordada. Este punto es fundamental: “no identificado” no significa “extraterrestre”.
Un objeto volador no identificado es, ante todo, algo que no ha sido explicado con los datos disponibles. Convertir esa falta de explicación en prueba de una civilización alienígena es un salto interpretativo, no una conclusión científica.
El interés por los OVNIS también fue estudiado desde la psicología y la cultura. Carl Gustav Jung, en Flying Saucers: A Modern Myth of Things Seen in the Skies, propuso que los platillos voladores podían entenderse como un mito moderno: una imagen proyectada por la psique colectiva en una época de ansiedad, crisis y amenaza nuclear (Jung, 1958/1959). Para Jung, lo importante no era solo determinar si los objetos existían físicamente o no, sino comprender por qué tantas personas necesitaban ver en ellos una señal, una advertencia o una promesa.
En ese sentido, los OVNIS ocupan un lugar parecido al que antes tuvieron los ángeles, demonios, apariciones y señales celestiales. Cada época imagina el misterio con los materiales culturales que tiene disponibles. En una sociedad religiosa, lo desconocido podía tomar la forma de seres espirituales. En una sociedad tecnológica, lo desconocido adopta la forma de máquinas, naves, pilotos interplanetarios y civilizaciones avanzadas.
Los informes oficiales tampoco han cerrado completamente el tema, aunque sí han sido claros en un punto: hasta ahora no existe evidencia concluyente de que los OVNIS correspondan a vehículos extraterrestres. El Proyecto Libro Azul de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (U.S. Air Force2004) investigó miles de reportes entre 1947 y 1969. De 12.618 avistamientos, 701 quedaron sin identificar, pero la conclusión oficial fue que no había evidencia de amenaza a la seguridad nacional, ni de tecnología más allá del conocimiento científico moderno, ni de vehículos extraterrestres (U.S. Air Force, s. f.).
Más recientemente, la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios del Departamento de Defensa de Estados Unidos revisó antecedentes históricos sobre fenómenos anómalos no identificados y señaló que no ha encontrado evidencia verificable de tecnología extraterrestre, naves recuperadas o presencia alienígena asociada a estos casos (AARO, 2024).
Por otra parte, la astrobiología (Kaufman. (2022). mantiene abierta una pregunta mucho más amplia y científicamente legítima: ¿existe vida fuera de la Tierra? La respuesta honesta es que todavía no lo sabemos. Se han descubierto miles de exoplanetas, algunos en zonas habitables; se han encontrado moléculas orgánicas en meteoritos, lunas y planetas; y Marte sigue siendo objeto de investigación por su posible habitabilidad pasada. Pero hasta hoy no existe una prueba concreta de vida extraterrestre, y mucho menos de vida inteligente.
Esto no hace que el tema sea menos interesante. Al contrario. Los OVNIS son fascinantes precisamente porque se ubican en una encrucijada entre ciencia, mito, percepción, historia, religión, tecnología y cultura popular. Nos hablan tanto del universo como de nosotros mismos. Revelan cómo interpretamos lo desconocido, cómo transformamos la incertidumbre en relatos y cómo cada época proyecta en el cielo sus miedos y esperanzas.
La esperanza no se pierde
Quizás algún día encontremos vida fuera de la Tierra. Quizás incluso descubramos señales de inteligencia en otro lugar del cosmos. Pero por ahora, la prudencia exige distinguir entre posibilidad, deseo y evidencia. La vida extraterrestre es una hipótesis abierta; la visita de civilizaciones alienígenas a la Tierra, en cambio, no cuenta con pruebas sólidas.
Aun así, el tema sigue siendo apasionante porque los OVNIS son en parte una proyección de nuestro propio interior, de nuestros miedos y nuestros deseos, no solo un cuestionamiento sobre si hay otros allá afuera. Buscamos responder también qué somos nosotros, qué esperamos encontrar en el cielo y por qué, una y otra vez, necesitamos poblar el universo con figuras que nos devuelvan la mirada.
Referencias
Schiaparelli, G. V. (1878). Osservazioni astronomiche e fisiche sull’asse di rotazione e sulla topografia del pianeta Marte fatte nella Reale Specola di Milano. Reale Accademia dei Lincei. https://play.google.com/books/reader?id=iCFLAAAAYAAJ&pg=GBS.PA120&hl=en_GB
All-Domain Anomaly Resolution Office. (2024). Report on the historical record of U.S. government involvement with unidentified anomalous phenomena (UAP), Volume I. U.S. Department of Defense. https://media.defense.gov/2024/Mar/08/2003409233/-1/-1/0/DOPSR-2024-0263-AARO-HISTORICAL-RECORD-REPORT-VOLUME-1-2024.PDF
Arnold, K., & Palmer, R. (1952). The coming of the saucers. Amherst Press. https://archive.org/details/TheComingOfTheSaucers
Jung, C. G. (1959). Flying saucers: A modern myth of things seen in the skies (R. F. C. Hull, Trans.). Routledge & Kegan Paul. Obra original publicada en 1958. https://archive.org/details/flyingsaucersmod0000jung
Library of Congress. (s. f.). Seeing and interpreting Martian oceans and canals. https://www.loc.gov/collections/finding-our-place-in-the-cosmos-with-carl-sagan/articles-and-essays/life-on-other-worlds/seeing-and-interpreting-martian-oceans-and-canals/
Lowell, P. (1895). Mars. Houghton, Mifflin and Company. https://archive.org/details/marslowell00lowe
Lowell, P. (1906). Mars and its canals. Macmillan. https://archive.org/details/marsanditscanals00lowe
Marc Kaufman. (2022). NASA Astrobiology. (s. f.). About astrobiology. https://astrobiology.nasa.gov/about/
Smithsonian National Air and Space Museum. (2022, June 24). 1947: Year of the flying saucer. https://airandspace.si.edu/stories/editorial/1947-year-flying-saucer
U.S. Air Force. (2004 (s. f.). Unidentified flying objects and Air Force Project Blue Book. https://www.af.mil/About-Us/Fact-Sheets/Display/Article/104590/unidentified-flying-objects-and-air-force-project-blue-book/