Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 28 06 2026
Cuando la ciencia decidió responder a la pseudociencia.
En 1950 se publicó en Estados Unidos un libro destinado a convertirse en uno de los grandes escándalos intelectuales del siglo XX: Worlds in Collision (Mundos en colisión), de Immanuel Velikovsky. Su tesis era espectacular: los grandes relatos míticos de la Antigüedad —plagas bíblicas, diluvios, lluvias de fuego, oscuridades prolongadas y catástrofes cósmicas— no serían simples mitos ni metáforas religiosas, sino recuerdos deformados de acontecimientos astronómicos reales.
Velikovsky sostenía que, en tiempos históricos, el planeta Venus habría sido expulsado desde Júpiter como una especie de cometa gigantesco. Luego habría pasado cerca de la Tierra, alterando su rotación, su eje y su órbita, provocando terremotos, incendios, mareas descomunales y desastres globales. Más tarde, Venus se habría estabilizado como planeta. En otra etapa, Marte también habría tenido encuentros peligrosamente cercanos con la Tierra. Según Velikovsky, las tradiciones de Egipto, Israel, Grecia, Mesopotamia, India, China y América conservaban ecos de esos cataclismos.
El atractivo del libro era evidente, Velikovsky ofrecía una explicación total: unía Biblia, mitología, astronomía, historia antigua y geología bajo una misma narrativa. Donde la ciencia veía relatos culturales diversos, él veía testigos fragmentarios de un trauma cósmico. Donde los astrónomos veían órbitas estables durante millones de años, él proponía un sistema solar caótico hasta tiempos muy recientes. Su propuesta era errónea, pero literariamente poderosa.
El impacto fue enorme. Worlds in Collision se convirtió rápidamente en un éxito editorial. Durante semanas estuvo entre los libros más vendidos, y la controversia que produjo se prolongó durante décadas. Parte del público vio en Velikovsky a un genio incomprendido enfrentado a una ciencia dogmática. Sus seguidores lo presentaron como un nuevo Galileo, víctima de una ortodoxia incapaz de aceptar ideas revolucionarias. Esa imagen fue clave para mantener vivo el debate durante los años cincuenta, sesenta y setenta.
Reacción científica y censura
La reacción científica inicial, no fue la adecuada. Muchos científicos consideraron absurdas las ideas de Velikovsky, pero no siempre se tomaron el trabajo de refutarlas públicamente y con datos. Algunos las criticaron en privado o en círculos académicos, mientras otros presionaron a la editorial Macmillan por haber publicado el libro dentro de un catálogo asociado a ciencia. Hubo cartas, amenazas de boicot y llamados para que la obra dejara de circular bajo el prestigio de una editorial científica. Finalmente, Macmillan transfirió los derechos a Doubleday, una editorial no dedicada a textos científicos.
Ahí apareció una contradicción importante. Los científicos tenían razón al rechazar la teoría de Velikovsky, pero algunos se equivocaron en el método. En vez de demostrar públicamente por qué las afirmaciones eran falsas, intentaron frenar la publicación o desacreditar la obra por presión institucional. Esa actitud permitió que Velikovsky y sus partidarios reforzaran el relato de la censura: “no nos refutan porque temen que tengamos razón”.
Sagan Vs Vilikovsky
Carl Sagan entendió el problema, para él, las ideas de Velikovsky no debían ser censuradas, sino examinadas con rigor. Si eran falsas, había que mostrarlo con argumentos, datos y física elemental. La ciencia no debía comportarse como una autoridad que prohíbe, sino como un método que pregunta, calcula, contrasta y corrige.
En 1974, la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia organizó un simposio sobre Velikovsky. Allí Sagan presentó una crítica detallada de Worlds in Collision, luego ampliada en el libro Scientists Confront Velikovsky (Los científicos se enfrentan a Velikovsky) y más tarde reelaborada en Broca’s Brain (El cerebro de Broca), bajo el título “Venus and Dr. Velikovsky”.
La refutación de Sagan fue devastadora porque no se limitó a burlarse de Velikovsky. Tomó sus afirmaciones principales y las sometió a pruebas concretas. Una de las más importantes fue el problema de Venus. Si Venus había sido expulsado recientemente desde Júpiter y había pasado cerca de la Tierra, debía existir una explicación física para ese movimiento. ¿Qué energía habría sido necesaria para arrancar un planeta desde Júpiter? ¿Cómo habría adquirido su órbita actual? ¿Cómo pudo evitar desestabilizar gravemente a la Luna y a los demás planetas? Las cuentas no cerraban.
Sagan también atacó el uso de la mitología como prueba astronómica. Velikovsky reunía relatos de culturas distintas y los interpretaba como descripciones de los mismos fenómenos celestes. Pero una semejanza narrativa mitología no basta para demostrar un hecho físico real. Los pueblos antiguos podían imaginar dioses, dragones, fuego celeste o batallas cósmicas sin que ello implicara encuentros reales entre planetas. La comparación mitológica, sin controles rigurosos, puede convertirse en una máquina de fabricar coincidencias.
Otro punto central fue la temperatura de Venus. Velikovsky y sus defensores afirmaron que el calor extremo del planeta confirmaba su teoría: Venus estaría caliente porque había sido recientemente expulsado como cometa o porque aún conservaba calor de sus encuentros catastróficos. Sagan respondió que esa explicación era innecesaria y físicamente débil. La alta temperatura de Venus se entiende por su densa atmósfera de dióxido de carbono y por un efecto invernadero extremo. No era necesario recurrir a una catástrofe planetaria reciente.
Diferencia de método.
La diferencia entre Velikovsky y Sagan no era solo una diferencia de conclusiones. Era una diferencia de método. Velikovsky partía de relatos antiguos y buscaba en la ciencia una forma de hacerlos literalmente verdaderos. Sagan partía de la evidencia física y preguntaba si la hipótesis podía sostenerse frente a la mecánica celeste, la geología, la astronomía y la química atmosférica.
Velikovsky usaba la acumulación de ejemplos como si fuera demostración. Si muchas culturas hablaban de fuego, oscuridad, dioses en combate o desastres, él interpretaba esa acumulación como evidencia convergente. Sagan, en cambio, exigía precisión: fechas, mecanismos, magnitudes, predicciones verificables y coherencia con lo que ya sabemos del sistema solar. Para la ciencia, no basta con que una historia sea sugerente; debe ser comprobable.
El caso Velikovsky muestra una lección doble. Por un lado, enseña cómo funciona la pseudociencia: toma datos reales, relatos antiguos y preguntas legítimas, pero los organiza dentro de una explicación cerrada, inmune a la crítica y sostenida por selecciones convenientes. Por otro lado, muestra cómo debe responder la ciencia: no con censura ni desprecio, sino con análisis público, claridad, con un lenguaje pedagógico riguroso pero simple y con disposición a revisar cada afirmación.
La posición de Carl Sagan
Sagan fue duro con Velikovsky, pero también fue duro con los científicos que intentaron suprimirlo. Para él, la peor parte de este caso no era que sus ideas fueran falsas, sino que algunos científicos hubieran querido impedir su circulación. La ciencia no gana prohibiendo errores; gana mostrando por qué son errores.
Esa es la enseñanza más vigente. En una época saturada de teorías conspirativas, afirmaciones espectaculares, pseudohistoria, astrología disfrazada de astronomía y videos virales que prometen revelar “lo que la ciencia oculta”, el caso Velikovsky sigue siendo actual. La pseudociencia prospera cuando se presenta como verdad perseguida. Por eso la censura suele fortalecerla. La respuesta más eficaz no es callarla, sino exponerla a la luz del método científico.
Carl Sagan comprendió que la ciencia también necesita comunicación pública. No basta con que los especialistas sepan que una idea es falsa. Si millones de personas la encuentran seductora, alguien debe explicar pacientemente dónde está el error. Ese fue el valor de su confrontación con Velikovsky: convertir una controversia confusa en una clase magistral sobre evidencia, escepticismo y pensamiento crítico.
Narración mitologica Vs lección científica.
Velikovsky ofreció una gran narración cósmica, fascinó porque prometía revelar un secreto oculto en los mitos. Sagan ofreció una gran lección científica, porque mostró que la verdad no se defiende con autoridad, sino con pruebas.
Referencias
Goldsmith, D. (Ed.). (1977). Scientists confront Velikovsky. Cornell University Press. https://archive.org/details/ufosascientificd0000unse
Sagan, C. (1979). Broca’s brain: Reflections on the romance of science. Random House. https://archive.org/details/brocasbrainrefle0000saga?utm_source=chatgpt.com
Sagan, C. (1980). Cosmos. Random House. https://archive.org/details/cosmos00saga?utm_source=chatgpt.com
Velikovsky, I. (1950). Worlds in collision. Macmillan. https://archive.org/details/B-001-014-474
Gould, S. J. (1975). Velikovsky in collision. Natural History, 84(3), 16–22.