480 MILLONES DE SATÉLITES ARTIFICIALES ORBITANDO LA TIERRA

Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 9 10 2026

En 1963, Estados Unidos lanzó 480 millones de agujitas de cobre de menos de 2 cm. No eran satélites normales, sino antenas diminutas para reflejar ondas de radio. Fue el proyecto West Ford, un experimento de la Guerra Fría para crear una ionosfera artificial por si los soviéticos destruían las comunicaciones en una guerra nuclear.

Más de 60 años después, parte de ese anillo sigue orbitando.

¿Por qué lo hicieron?

En esa época, EEUU dependía de cables submarinos y de la ionosfera natural para hablar a larga distancia. Ambos podían fallar: los cables podían ser cortados y una bomba nuclear en altura podía borrar la ionosfera, como se vio en las pruebas de 1958. Los militares temían quedarse sin contacto con sus tropas.

La solución del MIT fue radical: fabricar un espejo de radio en el cielo que no se pudiera destruir. Formado por pequeñas agujas de cobre, verdaderos satélites artificiales.

La “genial idea”

Cada aguja medía 1,78 cm, justo la mitad de la longitud de onda de la señal de 8 GHz que querían usar. Así cada aguja funcionaba como un pequeño satélite que rebota la señal. Lanzadas a 3.600 km de altura, millones de agujas formarían un anillo gigante. En tierra habría dos antenas enormes, una en California y otra en Massachusetts.

Dos intentos

1961: El primer lanzamiento fracasó. Las agujas iban pegadas con naftaleno que debía evaporarse y soltarlas, pero se soldaron entre sí y quedaron en bloques inútiles.

1963: Con el dispensador mejorado, el 9 de mayo se lanzaron 480 millones desde Vandenberg. Esta vez sí se soltaron y se logró transmitir voz y datos a 50.000 bits por segundo entre California y Massachusetts. Pero solo entre el 25% y el 45% se separó bien. El resto quedó en unos 1.000 grumos de alambre pegado.

¿Qué pasó con el anillo?

Las agujas sueltas sí cayeron como estaba previsto. La luz del sol las fue frenando poco a poco hasta que, en 1965, ya no quedaba casi ninguna.

Los grumos, en cambio, eran más pesados y compactos, así que la luz del sol no los empujaba. Se quedaron arriba.

¿Dónde están hoy?

Hoy quedan entre 36 y 39 grumos rastreados, a unos 3.000 a 4.200 km de altura, dando la vuelta a la Tierra cada 2 horas y 46 minutos a 22.700 km/h. El último que cayó lo hizo en abril de 2024, pero la mayoría seguirá ahí por mucho tiempo.

No son un gran peligro. En esa zona hay menos del 1% de los satélites actuales, apenas 5 a 9 satélites activos cerca, y se los vigila para evitar choques.

Ya no reflejan radio. Solo son destellos muy débiles al reflejar la luz del sol. Son basura espacial histórica.

El “legado” más importante

Los astrónomos de todo el mundo protestaron porque el anillo podía arruinar sus observaciones. La polémica fue tan grande que ayudó a crear el Tratado del Espacio de 1967, que dice que ningún país puede hacer experimentos en el espacio que perjudiquen a los demás.

West Ford funcionó a medias, pero nos dejó una lección: lo que lanzamos al espacio puede quedarse allí por generaciones.

Fuentes:

https://www.ll.mit.edu/sites/default/files/page/doc/2018-05/Looking_Back_3.pdf

https://ieeexplore.ieee.org/document/1444922?tp=&arnumber=1444922&isnumber=31060

https://web.archive.org/web/20070312200131/http://www.aoe.vt.edu/~cdhall/Space/archives/000289.html