Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 6 01 2026
Cuando se piensa en los orígenes de la prensa moderna en Chile, suele hablarse de diarios, editores y escritores. Mucho menos visible, pero no menos decisiva, es la historia de quienes hicieron posible la materialidad misma de la prensa, las máquinas, los talleres, la tecnología y el saber técnico que permitieron imprimir miles de ejemplares con regularidad, difundiendo noticias, cultura y conocimiento. En ese cruce entre técnica, industria y cultura aparece la figura de Juan Mouat, vista a través del testimonio de Santos Tornero.
Santos Tornero: memoria de un editor pionero
José Santos Tornero (1846–1917) fue uno de los grandes editores, periodistas y hombres del libro en Chile, Su obra Reminiscencias de un viejo editor (1889)* no es solo una autobiografía, sino un documento clave para entender cómo se construyó la prensa moderna en el país durante el siglo XIX. Tornero no escribe como historiador académico, sino como testigo directo de los procesos técnicos, comerciales y humanos que dieron forma al mundo editorial chileno.
Desde esa perspectiva, sus menciones a Juan Mouat son particularmente valiosas, no buscan engrandecer una figura heroica, sino recordar a un colaborador esencial, un técnico competente y un “hombre de progreso” en el sentido más amplio del término.
El Mercurio y la necesidad de una revolución técnica
A mediados del siglo XIX, El Mercurio de Valparaíso ya era mucho más que un periódico local, publicado en el principal puerto del Pacífico sur, debía responder a una demanda creciente de información comercial, marítima y política pero tenía un problema técnico, las prensas de mano ya no daban abasto.
Tornero describe con claridad la situación: el tamaño del diario y el número de ejemplares hacían casi imposible seguir imprimiendo con métodos tradicionales. La solución fue radical y moderna, importar desde Escocia la primera máquina de impresión mecánica de doble cilindro destinada específicamente a un diario chileno.
Juan Mouat el técnico clave
Aquí entra en escena Juan Mouat, acompañó a Tornero en la compra de la máquina en Kircaldy, cerca de Edimburgo, pero también fue quien la armó personalmente luego de su regreso a Valparaíso, trabajando con sus propias manos. Mouat no era un simple relojero, Tornero lo define explícitamente como “experto maquinista”, un ingeniero en el sentido amplio del término, capaz de comprender, montar y adaptar tecnología industrial avanzada.
Gracias a esa máquina primero movida a brazo, luego a vapor, El Mercurio pudo dar un salto decisivo: mayor tiraje, mayor regularidad y una base técnica que permitió consolidar el diario como una institución duradera. En términos simples, sin Mouat, el Mercurio moderno quizás no habría sido posible, al menos no como lo conocemos. Más que simple imprenta ciencia e industria
El retrato que hace Tornero de Mouat va más allá de la imprenta, nos muestra a un personaje polifacético, típico del siglo XIX: técnico, empresario, científico e industrial. En el cerro del Castillo,en 1843, Mouat instaló un observatorio astronómico que prestó servicios reales a los marinos para la sincronización y reparación de cronómetros. En el Almendral y luego en Caleta Abarca, levantó una fundición que alimentó el desarrollo industrial de Valparaíso.
Este detalle es crucial, la misma lógica que lo llevó a calibrar el tiempo para la navegación y a observar el cielo, lo llevó también cooperar con la impresión y difusión de información. Ciencia, técnica y prensa formaban parte de un mismo ecosistema de progreso.
Una influencia silenciosa pero decisiva
Juan Mouat no escribió editoriales ni firmó libros, su influencia fue estructural, al hacer posible la impresión mecánica de El Mercurio, contribuyó indirectamente al desarrollo del periodismo, de la circulación de ideas y, en última instancia, del mundo del libro en Chile.
La prensa moderna no nace solo de ideas, sino de hierro, vapor, engranajes y manos expertas. Tornero lo entendió bien, y por eso lo dejó registrado, con afecto, llama a Juan Mouat “mi estimado amigo”. Gracias a su testimonio, hoy podemos reconocer que detrás de las páginas impresas que marcaron la historia intelectual chilena, hubo también ingenieros, relojeros y maquinistas que hicieron posible que esas páginas existieran.
Mirar la historia desde la técnica
Leer hoy estos pasajes no es un ejercicio nostálgico, es una invitación a ampliar la mirada histórica, a comprender que el progreso cultural depende tanto de escritores y editores como de quienes dominan la tecnología que permite producir y difundir conocimiento.
Juan Mouat fue uno de esos actores, y su huella sigue presente cada vez que hablamos del origen y desarrollo de la prensa y el libro en Chile.
*Tornero, S. (1889). Reminiscencias de un viejo editor. Valparaíso, Chile: Imprenta del Mercurio. https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-8426.html