¿EXPERIMENTABA GALILEO CON TELESCOPIOS TERRESTRES DE CUATRO LENTES EN 1630?

Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 4 09 2026

Un manuscrito desconocido hasta ahora, fechado el 8 de agosto de 1666 en Ciudad de México, sugiere la necesidad de reestudiar la historia temprana del telescopio. Se trata de De Tellescopiis Stellarum, una página y cuarto incluida en el voluminoso códice Observationes diversarum artium del fraile dominico español Ignacio Muñoz (1608/12-1686).

Muñoz, nacido en Burgos y misionero en Filipinas, vivió exiliado en la India portuguesa y llegó a Nueva España en 1666 con una propuesta náutica para Felipe IV. El virrey Antonio Sebastián de Toledo, II marqués de Mancera (1608-1715), desconfiaba de él y lo sometió a pruebas científicas. Una de ellas fue desmontar, medir y describir pieza por pieza un telescopio de su propiedad.

Lo sorprendente es la descripción: un telescopio terrestre estándar de cuatro lentes convexas con ocular erector e imagen derecha, separado por el doble de su distancia focal. Hasta ahora, la historiografía sitúa el origen de esta configuración en 1643-1645, atribuyéndola a Anton Maria Schyrleus de Rheita y a Johannes Wiesel, quien en 1647 afirmaba que eran «muy recientes». A partir de 1640 se popularizó gracias a fabricantes como Eustachio Divini y Giuseppe Campani en Roma.

Sin embargo, Muñoz escribe explícitamente: fabricatum a Galilaeo — fabricado por Galileo.

El artículo de Moreno Madrid analiza dos posibilidades. La primera, que Mancera fuera engañado por un vendedor que infló el precio atribuyendo el instrumento a Galileo, cuya fama ya era enorme. Mancera, con carrera como embajador en Venecia (1656-1660), Alemania y gobernador de Milán, y mayordomo de Mariana de Austria, tenía contactos y recursos para adquirir un telescopio de alta gama en Europa.

La segunda posibilidad, más disruptiva, es que realmente fuera de Galileo. Sabemos que entre 1612 y 1631 Galileo intentó ganar el premio español por la longitud en el mar, usando los satélites de Júpiter. En 1630 envió a Felipe IV un gran telescopio de unos 175 cm (tres bracci) y un piccolino para la reina Isabel de Borbón. El grande se rompió a los dos días en El Escorial y el rey pidió una lente de repuesto y «otro telescopio para la Reina». Después se les pierde la pista.

Si el telescopio de Mancera fuera uno de esos piccolinos que quedó en las colecciones reales, y Mancera lo recibió como regalo en la corte antes de viajar a México en 1664, las implicaciones son enormes: los primeros experimentos con telescopios de cuatro lentes no serían de 1643, sino de 1630 como muy tarde, y su autor sería Galileo. Sería, además, el análisis técnico más detallado de un telescopio atribuido a él, pues Galileo nunca describió distancias focales, diámetros ni materiales.

El autor reconoce la falta de pruebas concluyentes y la ausencia total de referencias a cuatro lentes en Galileo o en contemporáneos como Sirturus o Beeckman. Pero el documento aporta mediciones precisas, diagramas y un contexto único —un fraile sospechoso, un virrey bibliófilo y protector de Sor Juana, y un instrumento de prestigio en la periferia del imperio— que amplía nuestro escaso corpus de descripciones técnicas del siglo XVII y obliga a considerar que Galileo pudo haber probado una «novedad deslumbrante» para impresionar a la monarquía española.

Artículo de referencia: Moreno Madrid, J. M. (2026). De Tellescopiis Stellarum (1666). Was Galileo experimenting with four-lens terrestrial telescopes by 1630? Annals of Science, 1–12. doi.org/10.1080/00033790.2026.2661195  https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00033790.2026.2661195?scroll=top&needAccess=true#abstract