Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 26 10 2026
Cuando miramos el universo, vemos el pasado. La astronomía, en cierto sentido, es arqueología cósmica.
La luz viaja a 300.000 km por segundo. Cuando un astrónomo dice que una estrella está a 10.000 años luz, significa que la luz que nos llega hoy salió de allí hace 10.000 años. Esa estrella ya no está en el mismo lugar, e incluso podría no existir.
No vemos el universo como es hoy, sino como era, mientras más lejos en el espacio, más lejos en el tiempo. Eso pasa con cada estrella u objeto estelar que vemos desde la Tierra.
Pero hagamos el ejercicio inverso: ¿qué verían en este momento astrónomos con telescopios ultra potentes, mirando hacia nosotros desde planetas que orbitan estrellas lejanas?
Desde Pandora, el Cúmulo de Abell 2744, en la constelación del Escultor.
Es un choque de cuatro cúmulos de galaxias. Le dicen «Pandora» porque esconde galaxias muy antiguas.
Distancia: 3.500 millones de años luz de viaje (4.000 millones de distancia actual): El Infierno.
Si alguien en Pandora nos apuntara hoy con un telescopio imposible, nos vería hace 3.500 millones de años. Vería un infierno: la Tierra recién nacida, cubierta de magma, recibiendo impactos de rocas del tamaño de Marte. Sin océanos, sin aire, sin vida. Solo una bola ardiente intentando enfriarse.
Desde el Arco Azul, en Abell 370, en la constelación de Cetus, la Ballena.
Famoso porque una galaxia de fondo forma un arco azul perfecto por efecto de lente gravitacional.
Distancia: 4.000 millones de años luz de viaje (6.000 millones de distancia actual): Aparece la vida.
Desde el Arco Azul nos verían hace 4.000 millones de años. La Tierra ya es un planeta azul, con mares. Lo importante es invisible a simple vista: en esos mares acaban de aparecer las primeras bacterias. Cianobacterias que pronto empezarán a llenar la atmósfera de oxígeno. La vida acaba de encenderse.
Desde Coma, en la Cabellera de Berenice.
Es la única de las 88 constelaciones oficiales que lleva el nombre de una figura histórica real: la reina Berenice II de Egipto. Justo al norte de Virgo está el Cúmulo de Coma, uno de los cúmulos más masivos cercanos.
Distancia: 321 millones de años luz: Los primeros dinosaurios.
Desde Coma nos verían hace 321 millones de años. Pangea es todavía un solo supercontinente. Entre helechos gigantes aparecen los primeros dinosaurios, pequeños y rápidos, del tamaño de un perro. Todavía no hay flores, ni pasto, ni pájaros.
Desde M87, el Monstruo de Virgo.
En el corazón del Cúmulo de Virgo. Es la misma galaxia donde en 2019 se fotografió el primer agujero negro, de 6.500 millones de masas solares.
Distancia: 54 millones de años luz: El día que murieron los dinosaurios.
Desde M87 nos verían hace 54 millones de años, muy poco después del impacto. Verían en cámara lenta un asteroide de 10 km cayendo en Chicxulub, México, hace 66 millones de años. Un flash, un cráter de 180 km, un invierno de polvo que duró años. Desde M87, la Tierra se quedó en silencio de dinosaurios y empezó a poblarse de pequeños mamíferos.
Desde NGC 253, la Galaxia del Escultor.
En la constelación del Escultor. Una de las espirales más brillantes y bonitas del cielo austral, visible con binoculares desde Chile.
Distancia: 11,4 millones de años luz: El tío abuelo.
Desde el Escultor nos verían hace 11,4 millones de años. Abajo, en África, un ancestro parecido a Sahelanthropus tchadensis está aprendiendo a caminar un poco más erguido. No es humano todavía, es nuestro tío abuelo. No hay ciudades, ni fuego controlado, ni lenguaje. Solo bosques, sabana y miedo a la oscuridad.
Desde M53, el Viajero Solitario, en Cabellera de Berenice.
Un cúmulo globular, una bola de 500.000 estrellas viejas, en el halo exterior de nuestra propia Vía Láctea.
Distancia: 58.000 años luz (60.000 redondeado): El Éxodo.
Desde M53 nos verían hace 60.000 años, en el momento clave de la segunda salida de África. Pequeños grupos de Homo sapiens cruzando el Sinaí, con fuego, lanzas de madera, conchas como adorno y ocre rojo en el cuerpo. Éramos apenas entre 100.000 y 300.000 humanos en todo el planeta, a punto de poblar Eurasia y Oceanía.
Desde Westerlund 1, la Ciudad de las Estrellas Monstruosas, en la constelación de Ara, el Altar.
Hacia el centro galáctico. Es el cúmulo estelar más masivo de la Vía Láctea, lleno de supergigantes rojas.
Distancia: 12.000 años luz: Los primeros americanos.
Desde Westerlund 1 verían hace 12.000 años a familias de cazadores siguiendo mamuts sobre Beringia, el puente de tierra helada que unía Siberia con Alaska. Hoy ese puente está bajo el mar de Bering. Esos cazadores son los primeros americanos. Todavía no existe Egipto, ni Roma, ni la agricultura.
Desde Próxima Centauri, la Enana Roja Vecina, en Centaurus.
A la vuelta de la esquina. La estrella más cercana al Sol.
Distancia: 4,24 años luz: Lo que ve nuestra vecina.
Desde Próxima nos están viendo con 4 años de retraso. Como estamos en 2026, Próxima nos ve en 2022.
Vería un planeta saliendo de una pandemia, con cohetes de SpaceX despegando cada semana, con el James Webb desplegándose y tomando su primera foto a color del universo, y con miles de satélites cruzando el cielo nocturno.
En cuatro años más, nos vería fotografiando los confines más remotos del universo, con un cambio climático en aumento, un auge impresionante de la Inteligencia Artificial, que algunos predicen que acabará con la humanidad, un mundo plagado de guerras, revueltas, un genocidio en curso, crisis económicas y una amenaza latente de holocausto nuclear.
Si algún hipotético vecino de esas coordenadas quisiera visitarnos, quizás postergaría su viaje.