LA VIA LACTEA DESDE LA LUNA

Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 6 10 2026

Hay quienes señalan que las misiones Apolo fueron un montaje y que el ser humano no pisó la luna. Una de las afirmaciones más repetidas señala un detalle aparentemente desconcertante: en muchas fotografías tomadas por los astronautas sobre la superficie lunar el cielo aparece completamente negro y no se observan estrellas. Según algunas teorías conspirativas, esto demostraría que las imágenes fueron realizadas en un estudio y que los responsables habrían evitado representar las estrellas porque era difícil reproducir correctamente sus posiciones.

El argumento parece rasonable para quien no sabe fotografía. Si desde la Tierra vemos miles de estrellas durante una noche despejada y la Luna prácticamente no tiene atmósfera, cabría esperar que su cielo fuese aún más espectacular. ¿Por qué entonces detrás de los astronautas aparece un fondo negro y vacío?

La respuesta está en la fotografía, no en la ausencia de estrellas.

Las fotografías de los astronautas caminando sobre la Luna fueron tomadas, en su mayoría, durante el día lunar. Aunque el cielo sea negro porque no existe una atmósfera capaz de dispersar la luz solar y producir un cielo azul como el terrestre, la superficie está intensamente iluminada por el Sol.

El suelo lunar, los trajes blancos de los astronautas, el módulo y los instrumentos reflejan una gran cantidad de luz. Para fotografiar correctamente estos objetos era necesario utilizar exposiciones relativamente breves. Las estrellas, en cambio, son extremadamente débiles. Durante ese corto tiempo de exposición no entregaban luz suficiente para quedar registradas en la película.

El mismo fenómeno puede reproducirse fácilmente en la Tierra. Si durante la noche fotografiamos a una persona intensamente iluminada por un foco utilizando una exposición corta, probablemente veremos a la persona con claridad, pero el cielo aparecerá negro aunque esté lleno de estrellas. Para registrar las estrellas sería necesario aumentar considerablemente el tiempo de exposición, pero entonces la persona iluminada quedaría sobreexpuesta.

No se trata, por tanto, de un misterio lunar, sino de una cuestión de exposición fotografica y diferencia de luminosidad.

También suele confundirse el hecho de que el cielo sea negro con la idea de que no existan estrellas visibles. En la Tierra, durante el día, el cielo aparece azul porque las moléculas de la atmósfera dispersan la luz solar. Esa enorme cantidad de luz dispersada oculta las estrellas.

En la Luna prácticamente no existe atmósfera y, por eso, el cielo continúa siendo negro aunque el Sol esté sobre el horizonte. Sin embargo, un astronauta situado sobre una superficie muy iluminada tendría sus ojos adaptados a esa luminosidad. Las pupilas se contraerían y resultaría mucho más difícil distinguir objetos débiles.

La situación sería muy diferente en una región lunar donde el Sol estuviera bajo el horizonte. Si una persona pudiera permanecer protegida de cualquier fuente intensa de luz y esperar varios minutos hasta que sus ojos se adaptaran a la oscuridad, las estrellas serían perfectamente visibles.

La Vía Láctea también podría observarse con gran claridad. Al no existir una atmósfera significativa desaparecerían la dispersión atmosférica, buena parte de la extinción de la luz y el centelleo de las estrellas. Sin embargo, no debemos imaginar necesariamente una escena idéntica a las espectaculares fotografías astronómicas modernas. El ojo humano no acumula luz durante largos períodos como una cámara. A simple vista, la Vía Láctea tendría principalmente tonalidades blancas y grisáceas.

Existe además una evidencia especialmente interesante. Durante Apollo 16, en 1972, los astronautas instalaron sobre la superficie lunar una cámara y espectrógrafo ultravioleta diseñado específicamente para observar el cielo. Ese instrumento sí registró estrellas, nebulosas y otros objetos celestes.

La diferencia es sencilla: cuando una cámara se configura para fotografiar el paisaje lunar iluminado, las estrellas son demasiado débiles para aparecer. Cuando se configura específicamente para observar objetos astronómicos, estos pueden registrarse.

Parte de la confusión surge porque solemos pensar que una fotografía reproduce exactamente lo que verían nuestros ojos. Pero una cámara trabaja con una determinada apertura, tiempo de exposición y sensibilidad. Si en una escena existen diferencias extremas de luminosidad, no siempre puede registrar simultáneamente todos sus elementos.

En las fotografías de las misiones Apolo coexistían objetos bañados por la intensa luz solar y estrellas muchísimo más débiles. Las cámaras estaban ajustadas para fotografiar los primeros.

Las estrellas estaban allí. Simplemente no había suficiente tiempo de exposición para que aparecieran en la fotografía.

Si tiene dudas, de noche, tome su celular, salga al exterior en plena oscuridad en una noche despejada.

Tome una fotografía de un objeto bien iluminado y que al fondo se vea un buen trozo de cielo.

Verá que en la fotografía aparece el objeto pero no aparecen las estrellas, que son mucho más débiles. El cielo se verá negro.

Misterio resuelto.