Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 2 09 2026
El observatorio ultravioleta de Apollo 16
El 21 de abril de 1972, durante la primera caminata lunar de Apollo 16, John W. Young y Charles M. Duke desplegaron en las tierras altas de Descartes un instrumento que marcaría un hito en la astronomía: la Far Ultraviolet Camera/Spectrograph, el primer telescopio utilizado para realizar observaciones astronómicas desde la superficie de otro mundo.
A diferencia de un telescopio óptico convencional, el instrumento observaba principalmente en el ultravioleta lejano (FUV), radiación invisible para el ojo humano y que es fuertemente absorbida por la atmósfera terrestre. Precisamente por eso la Luna constituía una plataforma extraordinaria: prácticamente no posee atmósfera y, desde su superficie, era posible observar longitudes de onda que desde la Tierra resultaban inaccesibles.
El instrumento tenía una cámara Schmidt de aproximadamente 7,5 cm de apertura (3 pulgadas), un campo de visión de unos 20 grados y podía registrar estrellas considerablemente más débiles que las visibles a simple vista. Su rango espectroscópico llegaba aproximadamente desde 500 hasta 1.550 Ångström, mientras que las imágenes se obtenían en bandas específicas del ultravioleta.
Young extrajo la cámara de su embalaje y la instaló sobre un trípode, a la sombra del módulo lunar Orion, para evitar que el instrumento se calentara excesivamente bajo la radiación solar. Los astronautas podían modificar su orientación para apuntar hacia diferentes regiones del cielo.
El objetivo principal no era simplemente obtener fotografías espectaculares. El instrumento debía estudiar la radiación ultravioleta procedente de estrellas, nebulosas, cúmulos estelares y la Gran Nube de Magallanes, además de investigar el entorno espacial y la atmósfera exterior de la Tierra.
La fotografía más extraordinaria: la Tierra desde la Luna
Uno de sus resultados históricos fue la primera fotografía de la Tierra en ultravioleta lejano. El 21 de abril, Young apuntó el instrumento hacia nuestro planeta. La fotografía reveló algo que una cámara convencional no podía mostrar: la enorme envoltura de hidrógeno que rodea la Tierra, denominada geocorona, junto con estructuras luminosas asociadas a la atmósfera superior y las auroras.
La imagen original era en blanco y negro. Posteriormente se realizaron exposiciones sobre película especial correspondientes a diferentes niveles de intensidad y se combinaron para producir la conocida versión en falso color.
Pero el instrumento también miró hacia el espacio profundo. Observó la Vía Láctea, cúmulos estelares, nebulosas, Júpiter y la Gran Nube de Magallanes. En particular, las observaciones de esta última permitieron obtener imágenes ultravioleta de prácticamente toda la galaxia satélite, con una resolución aproximada de tres minutos de arco.
Al finalizar la misión, los astronautas recuperaron el cartucho fotográfico y lo llevaron a la Tierra. NASA señala que contenía 178 imágenes. El telescopio, en cambio, fue abandonado en la superficie lunar y continúa allí, convirtiéndose en un pequeño monumento científico de la era Apollo.
Su importancia histórica es enorme: no fue simplemente una cámara llevada a la Luna. Fue una demostración de que la superficie lunar podía utilizarse como observatorio astronómico, aprovechando la ausencia de atmósfera para estudiar el universo en longitudes de onda inaccesibles desde nuestro planeta.
Imagen: La Tierra en ultravioleta y la Far Ultraviolet Camera/Spectrograph.