Patricio Bustamante Díaz. Fundación Altura Patrimonio. 27 07 2026
Muchas veces se escriben artículos científicos o de divulgación afirmando como hechos ciertas ideas que, en realidad, todavía están en discusión.
En general esto suele ocurrir especialmente cuando se anuncia la estructura más grande, el objeto más antiguo o el fenómeno más extraño del universo. La llamada Gran Muralla de Hércules–Corona Boreal es un buen ejemplo: suele presentarse como la mayor estructura conocida del cosmos, aunque su existencia como una unidad física continua aún no ha sido demostrada de manera concluyente.
Su nombre también requiere una explicación. No se trata de una muralla sólida ni está situada dentro de las constelaciones de Hércules y Corona Boreal. El término describe una posible concentración de materia ubicada, desde nuestra perspectiva, en una extensa región del cielo que incluye esas constelaciones.
Nombres nacidos de nuestra necesidad de reconocer formas
Nombres como Hércules, Corona Boreal, muralla, filamento o red cósmica tienen un origen pareidólico. La pareidolia un fenómeno psicológico que describe la tendencia humana a reconocer imágenes, figuras o patrones familiares en estímulos ambiguos. Es lo que nos permite ver animales en las nubes, rostros en las rocas o figuras mitológicas al unir estrellas que, en realidad, se encuentran a distancias muy diferentes.
Para poder estudiar el cielo con millones de estrellas los antiguos astrónomos imaginaron en ciertos grupos de estrellas la figura del héroe Hércules y la forma de una corona entre otros, cada cultura organizaba el cielo con sus propias figuras que no existen físicamente en el espacio, son construcciones culturales proyectadas sobre el cielo.
De manera semejante, los astrónomos modernos utilizan expresiones pareidolicas como “muralla”, “filamento” y “telaraña cósmica” para describir distribuciones de galaxias que recuerdan formas conocidas.
Estas comparaciones son útiles porque permiten formarse una idea de algo difícil de dimensionar, crear una referencia mental y entender fenómenos nuevos o desconocidos. Sin embargo, también pueden inducir a errores. La palabra “muralla”, por ejemplo, puede hacernos imaginar una estructura compacta, continua y con límites definidos, cuando en realidad se habla de una región inmensa, dispersa y reconstruida mediante datos estadísticos, lejos de lo que entendemos en realidad como una muralla, pero útil para formar una imagen mental aproximada del fenómeno.
Un descubrimiento indirecto
A gran escala, las galaxias no se distribuyen de manera uniforme, sino que forman una compleja red de filamentos, nodos y vacíos conocida como red cósmica, cuya estructura ha sido descrita teóricamente y estudiada mediante distintos métodos de identificación y clasificación (Bond et al., 1996; Libeskind et al., 2018).
La posible Gran Muralla de Hércules–Corona Boreal fue identificada mediante el estudio de estallidos de rayos gamma, conocidos como GRB por su nombre en inglés. Estos estallidos son explosiones extremadamente energéticas que pueden producirse durante el colapso de estrellas masivas.
Como ocurren dentro de galaxias, su distribución puede utilizarse para rastrear, de manera indirecta, regiones lejanas del universo donde existe materia y formación estelar.
Horváth y otros identificaron una concentración inesperada de estos estallidos en una región del cielo y en un intervalo de distancias semejantes. Los investigadores propusieron que aquella agrupación podía corresponder a una estructura cósmica de enormes dimensiones (Horváth et al., 2014).
Estudios posteriores, realizados con una muestra mayor, encontraron nuevamente la concentración y estimaron que podría extenderse entre unos 6.000 y 10.000 millones de años luz (Horváth et al., 2015). Si realmente constituye una estructura conectada, sería varias decenas de miles de veces mayor que nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Los estallidos de rayos gamma son escasos y no se distribuyen de manera uniforme en los catálogos. Además, para determinar su distancia es necesario identificar su galaxia de origen y medir su desplazamiento al rojo. Esto significa que la supuesta muralla no ha sido observada como un mapa continuo de millones de galaxias: ha sido inferida a partir de una cantidad relativamente pequeña de señales muy brillantes.
Una existencia todavía discutida
La principal controversia actualmente no consiste en negar que exista una concentración de estallidos de rayos gamma. Se discute si esa concentración representa una sola estructura física gigantesca o si podría ser el resultado de varias agrupaciones menores, sesgos de observación o fluctuaciones estadísticas.
Christian (2020) reprodujo los métodos utilizados en los estudios iniciales mediante simulaciones y concluyó que algunos procedimientos podían producir aparentes agrupamientos incluso en distribuciones aleatorias. También señaló que, al buscar anomalías en numerosos intervalos de distancia y regiones del cielo, aumenta la posibilidad de encontrar alguna concentración significativa por azar.
Por su parte, Horváth et al. (2020) volvieron a analizar los datos y sostuvieron que el agrupamiento seguía siendo estadísticamente significativo. No obstante, los propios autores reconocieron que los datos disponibles no permitían decidir de manera definitiva si la Gran Muralla existía como una estructura física coherente.
Un análisis más reciente amplió la muestra de estallidos y encontró una sobredensidad todavía más extensa en el hemisferio galáctico norte (Horváth et al., 2025). Otro estudio publicado en 2026 identificó aproximadamente 125 estallidos asociados con esa gran región (Horváth et al., 2026). Estos resultados refuerzan la existencia de una anomalía en la distribución de los GRB, pero no demuestran por sí solos que todos formen parte de una única muralla continua.
Entre el mapa y el territorio
La Gran Muralla de Hércules–Corona Boreal es un buen ejemplo de cómo trabaja la ciencia cuando estudia fenómenos que no pueden observarse directamente en su totalidad. Primero aparece un patrón; luego se propone una interpretación y, finalmente, diversos investigadores o equipos de investigación intentan comprobar si esa interpretación resiste nuevas observaciones y análisis independientes.
La pareidolia no debe entenderse aquí solamente como un error. Nuestra capacidad de reconocer formas es fundamental para formular hipótesis, organizar datos y comunicar descubrimientos. El problema comienza cuando confundimos el nombre o la imagen mental con la realidad física.
Por eso, la forma de expresión más rigurosa sigue siendo “posible Gran Muralla de Hércules–Corona Boreal” es decir usar un lenguaje condicional. Existe evidencia de una concentración extraordinaria de estallidos de rayos gamma, pero todavía no sabemos con certeza si estamos ante una sola estructura cósmica, ante varias estructuras superpuestas o ante un patrón amplificado por las limitaciones de los datos.
En astronomía, como en otros campos de la ciencia, los nombres nos ayudan a mirar lo desconocido. Pero también debemos recordar que una muralla puede no ser una muralla, una corona no es una corona y una figura reconocible en el cielo puede decir tanto acerca del universo como acerca de la manera humana de observarlo.
Crédito de imagenI: magen elaborada sobre un panorama fotográfico real de todo el cielo, realizado por Serge Brunier y publicado por ESO.
Referencias
Bond, J. R., Kofman, L., & Pogosyan, D. (1996). How filaments of galaxies are woven into the cosmic web. Nature, 380, 603–606. https://doi.org/10.1038/380603a0
Christian, S. (2020). Re-examining the evidence of the Hercules–Corona Borealis Great Wall. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 495(4), 4291–4296. https://doi.org/10.1093/mnras/staa1448
Horváth, I., Hakkila, J., & Bagoly, Z. (2014). Possible structure in the GRB sky distribution at redshift two. Astronomy & Astrophysics, 561, L12. https://doi.org/10.1051/0004-6361/201323020
Horváth, I., Bagoly, Z., Hakkila, J., & Tóth, L. V. (2015). New data support the existence of the Hercules–Corona Borealis Great Wall. Astronomy & Astrophysics, 584, A48. https://doi.org/10.1051/0004-6361/201424829
Horváth, I., Szécsi, D., Hakkila, J., Szabó, Á., Rácz, I. I., Tóth, L. V., Pintér, S., & Bagoly, Z. (2020). The clustering of gamma-ray bursts in the Hercules–Corona Borealis Great Wall: The largest structure in the Universe? Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 498(2), 2544–2553. https://doi.org/10.1093/mnras/staa2460
Horváth, I., Bagoly, Z., Balázs, L. G., Hakkila, J., Koncz, B., Rácz, I. I., Veres, P., & Pintér, S. (2025). Scanning the Universe for large-scale structures using gamma-ray bursts. Universe, 11(4), 121. https://doi.org/10.3390/universe11040121
Horváth, I., Bagoly, Z., Hakkila, J., Balázs, L. G., Horváth, J., Pintér, S., Rácz, I. I., Veres, P., & Tóth, L. V. (2026). Reanalysing large-scale structure using an updated gamma-ray burst spatial density approach. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 548(3). https://doi.org/10.1093/mnras/stag666
Libeskind, N. I., van de Weygaert, R., Cautun, M., et al. (2018). Tracing the cosmic web. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 473(1), 1195–1217. https://doi.org/10.1093/mnras/stx1976